Caminos del street art: de la calle a la pantalla

La galería Azur realizó la primera subasta online de arte urbano contemporáneo. Un reflejo ante el paréntesis en el espacio público.

Adaptándose no solo a los tiempos del Covid-19 sino también a ciertas tendencias de venta online de arte que comenzaron a aparecer durante los últimos años a nivel local, la galería Azur organizó una original subasta de arte urbano en la que se ofertaron obras creadas por artistas provenientes del street art, adaptadas a formatos domésticos: son piezas que tienen una escala mensurable con las de los espacios interiores, ya de una casa, ya de una institución o museo.

Curado por Julián Manzelli, el conjunto de obras ofrecido en la página web de Azur tiene por autores a artistas y colectivos de artistas argentinos, muchos de ellos surgidos post-crisis de 2001, creadores que siguen “la filosofía DIY (Do It Yourself)”. Sus producciones sortean los centros del mercado y del arte: andan por los márgenes, por los límites. Por las paredes, los pisos, los carteles. Colgados en el espacio público. Aunque también hay que notar que desde hace algunos años, estas obras existen dentro de los núcleos del sistema: actualmente toda producción artística tiene su “centro”, si es que puede ser bien vendida. El británico y escurridizo Banksy es el ejemplo más claro.

La subasta de Azur incluyó cerámicas, objetos, pinturas y grabados, con precios de base que iban desde 250 hasta 4.500 dólares. Grabados de Gualicho, pinturas de Mariano Antedomenico (El Marian); de Christian Riffel (Poeta); de Mariana Ajras; serigrafías y objetos del grupo DOMA; acrílicos de Elian Chali; collages y cerámicas de Franco Fasoli (AZ); objetos de Franco Pomar (AMOR); de Julián Manzelli (Chu DOMA), entre otros artistas, dieron cuenta de la entrada al sistema local de una producción que ya, en el mercado internacional, está bien valorada y situada.

La mecánica de la subasta online de Azur es simple: la galería pide a cada cliente sus datos de contacto y telefónicamente o por mail lo mantiene informado de los lotes de su interés y de las ofertas que van surgiendo.

“Trabajamos como lo hacen las plataformas internacionales, que ya vienen aplicando esta política desde hace algunos años –explica Lucas Kokogian, director de la galería–. Publicamos los lotes con su precio de base y la información sobre los mismos; y los dejamos online una semana para que nuestros clientes y coleccionistas puedan analizarlos. A partir de allí, si algo les interesa, pueden hacer una oferta que modifica el valor de base”. Explica Kokogian que la oferta de una subasta online puede hacerse por mail, por teléfono o por WhatsApp hasta la fecha y hora de cierre de subasta, cuando (tal como las subastas presenciales) la oferta mayor se adjudica la compra.

Respecto de esta subasta específica, agrega el galerista que se trata de “una nueva experiencia en nuestro mercado”, ya que son obras de arte urbano. La mayoría de las ofertas recibidas, señala Kokogian, vinieron del exterior o de coleccionistas ya familiarizados con los artistas. En menor medida hubo ofertas de clientes locales en busca de invertir en este grupo de artistas que, sostiene Kokogian, “ya tienen un precio internacional y van en rápido y constante crecimiento”.

Es interesante observar cómo tanto o más rápidamente que los museos, los organismos culturales y los artistas, las galerías y casas de subastas se adaptan a una nueva realidad cuyo final por el momento no está a la vista. Rápido de reflejos, el mercado busca cómo subsistir y mantenerse activo. Si bien la venta online de obras de arte ya se venía realizando –¿quién lo sabe?– quizás esta vez haya llegado para quedarse: una forma más de constituir el mercado, y de diseñar estrategias y recursos que lo vitalicen.

Original: Revista Ñ